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30abr
Leyendas del Jazz en su Día Internacional
BillyTipton

Cuando hablamos de “leyendas” lo que hoy queremos contaros son leyendas que han pasado a la Historia (con mayúsculas) de un estilo musical que cuenta con un público selecto y exquisito. Rastreando en Google hemos encontrado curiosidades y anécdotas que merecen la pena ser desempolvadas para que vean la luz y nos acerquen a todos al místico mundo del Jazz. Y es que con casi toda seguridad lo que muchos sabemos de este estilo musical es que nació en la vieja Nueva Orleans. Cada vez que pienso en esta ciudad recuerdo la película de ‘El curioso caso de Benjamin Button’ y su extraña enfermedad de rejuvenecer conforme avanzaban los años. Desde el principio hasta el final de la cinta la música jazz está muy presente y envuelve a los protagonistas en ese ambiente todavía muy racista del sur de los EEUU a mitad de SXX.

Pero, volviendo a las ‘leyendas’ del Jazz, una de las que más nos han llamado la atención (que no deja de ser un asunto de alcoba en toda regla) es el descubrimiento de que el pianista y saxofonista Billy Tipton (que encabeza este post) no era realmente un hombre sino una mujer. Lo curioso de esta historia no es que ocultara su sexo sino que nadie se dio cuenta jamás (desde que decidió taparlo con 19 años), ni siquiera sus tres mujeres ni sus hijos adoptivos. Él siempre advirtió a sus esposas de que una herida de guerra le impidió para el ‘ejercicio’ de sus funciones como buen marido.

Billy Tipton marcó una época en el Jazz, que abarca de 1940 a 1960. En torno a esas mismas décadas sucedieron otros hechos destacables y memorables para la música. Por ejemplo, el 15 de mayo de 1953, Gillespie y Parker estaban preparados para deleitar a su público canadiense cuando se dieron cuenta de que el segundo había llegado al auditorio sin instrumento. Sin margen de tiempo para reaccionar y buscar una solución adecuada, Parker tuvo que saltar al escenario con un saxofón de plástico comprado en una tienda de juguetes cercana. El resultado fue tan brillante que pasó a convertirse en aquello de lo que hoy hablamos: una leyenda del Jazz.

Un tiempo antes, en concreto, en el verano de 1950 y, por tanto, antes de la heroica hazaña del saxofón de plástico, Charlie Parker recorría EEUU con su bolo. Le acompañaban cuatro músicos, que con él hacían un quinteto extraodinario. Pero, en aquella época el enfrentamiento racial en el sur de EEUU dividía tanto a la sociedad que Parker tuvo que inventarse una treta para ocultar que uno de los componentes, el joven Red Rodney, era blanco. Para evitar problemas con el público explicó que aquél era albino, motivo por el que pasó a ser conocido como ‘Albino Red: el negro albino cantante de blues”.

Parece mentira algo más de medio siglo después que estas cosas pasaran, pero en la música también estaba muy presente el racismo. Incluso, en aquella época podemos hablar de los minstrels, que eran espectáculos de teatro que ridiculizaban la música jazz de la población negra. Actores blancos se pintaban la cara con corcho quemado para ridiculizar la cultura afroamericana.

Ahora bien, estas pinceladas no son las únicas que han marcado las leyendas del Jazz. Por ejemplo, el 5 de febrero de 1969, el pianista Cees Slinger se las tuvo que apañar con un piano al que le faltaban varias teclas. Ocurrió en el Club Paradiso de Amsterdam. Peor suerte corrió el trompetista Chet Baker en 1969. Una rotura de su dentadura (provocada por una paliza en un asunto de drogas) le impidó grabar melodías acordes y coherentes en su último álbum dando lugar al que seguramente ha sido el peor producto en la historia del Jazz: ‘Sorry Chet!’

A veces las peores circunstancias son una oportunidad para los artistas (también para el resto del mundo, en general). Lo sabe muy bien Sonny Rollins, de quien se obtuvo una de las imágenes más románticas de la historia del Jazz: su silueta recortada y proyectada en la noche del skyline de NYC sobre el puente de Williamsburg. Así se pasó tres años porque los vecinos de su inmueble le impedían practicar en casa y se vio obligado a tocar en la calle, en concreto, en este citado puente que comunica la isla de Manhattan con Brooklyn. Fruto de esta circunstancia nació el magnífico disco: ‘The bridge’.

Estas son algunas de las leyendas de un estilo musical convertido en un arte que marcó el devenir de la población negra estadounidense y que va de la mano de la historia de este país. Tanto es así que en 1987, el Congreso de EEUU declaró el Jazz como un “destacado modelo de expresión” y un “excepcional tesoro nacional”. La música convertida en vehículo, voz y referente de toda una generación afroamericana. ¡Larga vida al Jazz!