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12may
Eurovisión, el festival de lo excéntrico, lo friki y la protesta
  • Por Ticketbell
Conchita Wurst

El festival de Eurovisión, ese momento del año (un sábado de mayo) en el que nadie reconoce juntarse con los amigos en una fiesta más friki que algunos de los participantes para ver, escuchar y hasta puntuar desde el sofá de casa las canciones con ‘oit points’. Lo cierto es que en los últimos años el festival de la canción se ha convertido en una cita obligada no solo para los eurofans, que arrasan en Twitter días y semanas atrás votando, opinando y haciendo sus cabalas por las canciones favoritas. No solo ellos sino también las casas de apuestas hacen sus números y se la juegan. Pero, en unos y otros casos muchos saben, dicen y critican que son factores como la vecindad, la excentricidad y la situación política actual los elementos decisivos que impulsan a la canción elegida a ser un éxito.

Y, casualmente, este año, ha sido Conchita Wurst, la mujer barbuda de Austria que interpretó ‘Rise like a phoenix’, la que se ha llevado la victoria haciendo gala de la excentricidad envuelta en una defensa de la libertad sexual y de que cada uno sea como le dé la gana. Pero, ¿merecía la victoria por encima de la calidad de una canción? Ya desde hoy algunos críticos publican y debaten en Twitter que la letra austríaca ha quedado eclipsada en ventas y descargas por la segunda, una canción de indie country interpretada por el dúo holandés ‘The Common Linnets’. ‘Calm after the storm’ se coló en la final por méritos propios con una puesta en escena sencilla pero muy potente a nivel visual, sin estridencias y con ese ritmo de balada folk al que son tan dados los países del norte de Europa. Ya han ganado en otras ediciones suecos, daneses y noruegos con este género blanco y agradable de escuchar. Mismamente, la propia Dinamarca el año anterior con un canto onírico a la naturaleza, muy parecido a la mítica ‘Fly on the wings of love’, que interpretó ‘The Olsen Brothers’ en el año 2000 y que llevó a Copenhague la celebración del certamen al año siguiente. Muy similar al cuento de hadas noruego, que cantó Alexander Rybak a golpe de violín. Hasta aquí las victorias folk eurovisivas.

Casualmente, Conchita Wurst apostaba y veía ganadora a la murciana Ruth Lorenzo, a quien Reino Unido y España se disputaron para esta última edición de Eurovisión. El de la ex concursante del ‘Factor X’ británico es un claro ejemplo de que la televisión es espectáculo y excentricidad e, incluso, morbo. Ni ganan las mejores voces ni tampoco acaban en lo más alto de la clasificación las puestas en escena más espectaculares a pesar de empeñarnos en buscar lo diferente, lo nunca visto. Cuanto más lo intentes más grande será el golpe. Y es que el caso de Conchita Wurst lo tenía todo para ganar gracias a la posición homófoba de Rusia y una Europa siempre reaccionaria. ¿Qué mejor que el Festival de Eurovisión con un buen puñado de fans gays para atizar a quienes cuestionan la libertad sexual?

Por si quedara alguna duda, Conchita no es la primera travesti en subirse a un escenario. Israel se llevó a Tel Aviv la victoria con la interpretación de ‘Diva’, de Dana Internacional, en el año 1998. A partir de ahí, sobre las tablas del Eurofestival hemos visto desfilar de todo, desde las pastoras polacas ligeras de ropa en esta edición 2014 interpretando‘My slowianie’ con la friolera de 42 millones de visitas en YouTube.

Sin embargo, las representantes de la ultraconservadora Polonia corrieron incluso peor suerte que nuestro Chikilicuatre cuando nos representó con su excéntrico ‘Chiki Chiki’ en el año en que a los españoles nos cansó quedar en las últimas posiciones por más que buscábamos la fórmula del éxito. Eso sí, aquella edición de 2008 fue una de las más seguidas después de la de Rosa López con su ‘Europe’s living a celebration’.

Pero, quizás fue en ese año 2008 cuando el frikismo alcanzó su punto más alto  subiéndose a las tablas del escenario eurovisivo  con el pavo Dustin, para nosotros un desconocido pero no para los irlandeses. En aquella edición serbia, el personaje irlandés recibió un abucheo casi generalizado del público. Dos años, Finlandia venció con una letra que con casi toda seguridad nunca ha conseguido el respaldo del público eurovisivo, pero el conjunto ‘Lordi’ disfrazado de monstruos  arrasaron cantando ‘Hard Rock Hallelujah’.

La que también tiene experiencia en frikismo es la vencedora del pasado sábado. Austria llevó en 2013 al festival de Eurovisión a toda una granja, la de Alf Poier, que interpretó el tema ‘Weil der Mensch Zäht’. La letra, interpretada en alemán, decía algo así como “me gustan mucho los animales de esta Tierra, pero los que prefiero son las liebres y los osos. Los pájaros y los escarabajos se mueren pronto. Adán está en su cama y se reproduce con Eva”. ¿Extravagante?, ¿arriesgado? Lo fuera o no quedó en un sexto puesto y estuvo a punto de repetir el mismo papel al año siguiente, en 2004.

Si nos ponemos a pensar no paramos de encontrar frikis en Eurovisión. Si decíamos que la de 2008 fue la más friki, la del año anterior fue la antesala con una Ucrania que alcanzó el segundo puesto con un cantante cómico disfrazado de metal interpretando ‘Dancing lasha tumbai’ o los británicos ‘Scooch’, que convirtieron el escenario en una cabina de vuelo donde los azafatos hacían las veces de cantantes. Y no podemos acabar este post recordando a las abuelas rusas que interpretaron ‘Part for everybodyen 2012 y es que Rusia ha tenido mucho que ver en aupar hasta la victoria a Conchita Wurst quien no acertó en su propia quiniela eurovisiva sin saber que la victoria iba a ser suya y no de su favorita: la española Ruth Lorenzo.